Volver a mí
Hubo un tiempo en el que me convertí en experta en estar para los demás, pero principiante en estar para mí. Aprendí a escuchar problemas ajenos, a sostener lágrimas que no eran mías, a ofrecer palabras de ánimo incluso cuando por dentro me sentía agotada. Me acostumbré a cumplir expectativas, a adaptarme a lo que otros necesitaban, a encajar en espacios donde muchas veces tenía que disminuir mi esencia para no incomodar. Sin darme cuenta, fui alejándome de mí misma. No ocurrió de golpe. Fue un proceso silencioso. Cada vez que callé lo que sentía para evitar conflictos. Cada vez que dije “sí” cuando en realidad quería decir “no”. Cada vez que resté importancia a algo que me dolía. Así, poco a poco, fui aprendiendo a posponerme. Me convertí en prioridad para todos, menos para mí. Durante mucho tiempo confundí fortaleza con resistencia. Creía que ser fuerte era soportar, aguantar, no quejarse, no mostrarse vulnerable. Pensaba que si lograba mantener todo bajo control, entonces estaba hac...